Del diálogo con arte, de la creación como terapia, de los paseos por las sombras. De los abrazos que inspiran y las charlas que llenan; de la amistad sincera, de las sesiones de risas, del resultado imprevisto. De los puntos de luz y la simetría descarada; del aprendizaje constante, de la valentía del guerrero, de la humildad como arma y la risa como escudo, del campeón del Kahoot y la recompensa eterna. De los audios con chapa, de la edición tiquismiquis y las chuminaillas. De la inspiración mutua, de las palabras de aliento, de las poses milimétricas, de las miradas de luz, de los consejos de amigo. De mi habitación en su casa, de su presencia en mi calma, de la familia completa. Del paraguas en la lluvia, de la sencillez y sus liturgias; de los talleres, de las tertulias, de los almuerzos, de las astucias. De combatir el miedo, de hacer lo que puedo con lo que tengo, de los retratos directos, del corazón de mi guerrero.